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Romanos 1.1

Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.

El Tiempo Ha Venido

Durante casi 18 años de predicación aquí en la Iglesia Bautista Belen (Bethlehem Baptist Church), he esperado el tiempo más adecuado para predicar sobre la carta de Pablo a los Romanos. Lo he considerado una y otra vez renunciando a la tarea, como el alpinista que observa las nubes alrededor de la cima del Monte Everest y se vuelve luego hacia alturas menos elevadas. La tarea atemoriza.

Pero en la paciencia y gracia de Dios, he sentido en los meses recientes que ya es el tiempo. Nos acercamos al final del milenio y me acerco a la segunda mitad de mis treinta años de pastorado en esta maravillosa iglesia, si Dios quiere. El paso del tiempo parece más rápido ahora, a la edad de 52 años, que cuando tenía 34 y el evangelio de la gloria de Cristo, quien es la imagen de Dios (2 Corintios 4.4), me parece más glorioso ahora que nunca antes. Y no hay mayor exposición del evangelio de Dios que el libro de los Romanos.

Ahora no siento tanto la presión que la dictadura de lo urgente y la necesidad de responder a cada concepto de moda que explota a través del mar de culturas que América ejercía sobre mí. Durante casi media vida he tenido una profunda confianza en que el mejor modo de ser competente por largo tiempo es parándose sobre la roca sólida, sobre las viejas verdades eternas, antes que saltar de un pragmático partido triunfador a otro. Romanos es tan sólido, confiable, inconmovible y detallista como la verdad puede llegar a ser.

Mi Historia con Romanos

Tengo mi propia historia con el libro de Romanos, historia que pudiera seducir a algunos de ustedes a unirse a mí en la cruzada para encontrar a Dios, conocerle, adorarle, disfrutarle y obedecerle tal como Él se nos muestra en este libro.

No recuerdo haberme convertido a los 6 años de edad junto a mi madre en Fort Lauderdale, Florida, como me dice mi padre, solo recuerdo haber creído. Sin embargo, sí recuerdo que fui aprendiendo el significado de mi conversión, y lo aprendí en el libro de Romanos: “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (3.23); y “la paga del pecado es muerte” (6.23); y “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (5.8); y “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” (10.9). ¿Quién de nosotros, que haya probado las bondades y la gloria de Dios en su gran evangelio, no estima al libro de Romanos como precioso más allá de todo cálculo?

Llamado al Ministerio de la Palabra

Fui a la universidad pensando que tal vez sería doctor o veterinario. Entonces, el verano de 1966, en mis años de joven estudiante, toda la dirección de mi vida cambió por la dolorosa y preciosa providencia de Dios. Él me llamó al ministerio de la Palabra. Ese otoño yo había acordado convivir con tres amigos en una habitación-dormitorio, pero a mediados del año supe que necesitaba más intimidad para estudiar y orar, en la medida que me sentía mas guiado a estudiar. El año y medio siguiente viví solo en otra habitación-dormitorio. Y allí recuerdo, lo puedo ver y hasta casi oler, leyendo el pequeño libro amarillo de John Stott sobre Romanos 5-8 llamado ‘Men Made New’ (HOMBRE HECHO NUEVO). El efecto sobre mí selló el llamado para convertirme en un fiel ministro de la Palabra de Dios. Así Romanos confirmó mi conversión, y Romanos confirmó mi llamado al ministerio de la Palabra.

Perfilando Teológicamente

Entonces vino el seminario en 1968-1971, con todos los abrumantes descubrimientos de la soberanía de Dios. Y bajo la dirección de Dios, la fuente de la cual toda aquella nueva luz venia era el libro de Romanos, primero un curso sobre Romanos 1-8 y después un sobresaliente curso acerca de la Unidad de la Biblia, diseñado a partir de Romanos 9-11. Estos fueron los días que determinaron la formación teológica de mí vida. Todo lo que he pensado desde entonces comenzó allí. Por tanto, mi conversión, mi llamado al ministerio de la palabra y la formación determinante de mí visión de Dios fue sellada por el libro de Romanos.

Llamado al Pastorado

Entonces, después de 3 años de estudio en Alemania y 6 años de enseñar en Betel, Romanos se convirtió de nuevo en un decisivo agente de Dios para dejar la enseñanza y convertirme en pastor de esta iglesia en 1980. Yo estuve trabajando en Romanos 9 por años, tratando de entender la maravillosa imagen de Dios en ese capítulo. En el otoño de 1979, me fue dado un Sabático[1] y decidí poner en orden la materia, lo mejor que yo podía, y escribir un libro sobre eso. Mientras yo me sumergía en Romanos 9 día tras día, algo completamente inesperado ocurrió. La palabra que escuchaba una y otra vez hablándome era, “Yo, el Dios de Romanos 9, seré anunciado, y no sólo analizado o explicado”.

El 14 de Octubre de 1979, tarde en la noche después que Noel ya se había ido a la cama, Dios hizo la obra concluyente para llamarme de la enseñanza en la universidad a la predicación en la iglesia. Esto fue mientras escribía La justificación de Dios, que era una exposición de Romanos 9. La publicación comenzaba, “Estoy más cerca esta noche que nunca antes de decidirme a renunciar a Betel y tomar el pastorado... La presión es casi aplastante y toma esta forma: Estoy cautivado por la realidad de Dios y el poder de su Palabra para crear personas auténticas”. En pocas semanas un llamado que vino desde Betel puso en movimiento los eventos que me trajeron a esta iglesia y este púlpito. De nuevo fue Romanos quien parecía ser la bisagra sobre la que la puerta de mi vida oscilaba.

Afirmando el Ministerio

Y aunque nunca había predicado sobre Romanos, han sido las grandes verdades de Romanos 8.28 y 8.32 las que han afirmado el ministerio aquí durante estos 18 años. Y puedo decir junto a John Stott que he proclamado los últimos triunfantes versículos de Romanos 8 en incontables funerales y “nunca ha desaparecido el escalofrío que me producen” (Romans: God’s Good News for the World [Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1994], p. 10). “por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Así que tengo una historia propia con este libro, al igual que muchas otras personas. Les estaré contando algunas de sus historias en las semanas y meses, venideros (por ejemplo, Agustín, Martin Lutero, Juan Wesley, Karl Barth y algunos de ustedes en esta congregación). Por ahora, basta decir que Samuel Coleridge, hablando por muchos, dijo, “Creo que la epístola a los Romanos es la obra más profunda en existencia” (Table Talk [Oxford: Oxford University Press, Sin fecha.] P. 232). Y John Knox (No Scot) dijo que es “incuestionablemente el trabajo teológico más importante nunca escrito” (The Interpreter’s Bible, Vol. 9 [Nashville: Abingdon Press, 1954.] P. 355).

¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo la más importante obra teológica cristiana escrita vino de un ex-fariseo que odiaba el cristianismo (Hch 9.1) y colaboró en el asesinato del primer mártir cristiano (Hch 7.58; 8.1), y persiguió a la iglesia primitiva con pasión (1 Tim 1.13)? ¿Cómo este hombre escribió una carta de 22 páginas y 7100 palabras que “siglo tras siglo... ha sido la llama en la que un líder cristiano tras otro... ha atizado su propia antorcha para el avivamiento de la iglesia y el enriquecimiento de la cristiandad” (A.M. Hunter, Introducing the New Testament [Gateshead: SMC Press Ltd., 1972.] P. 94)?

La respuesta comienza en Romanos 1.1, en las primeras tres frases del libro: “Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios.”. Tómelas una a la vez y medite en sus significados para este hombre, para su carta y para su Dios. En las tres frases el aspecto crucial no es quien es Pablo, sino de quién es Pablo. Y esto será, en fin de cuentas, lo que haga su vida significante o no, no quién usted sea, sino de quién es usted.

Un Siervo de Jesucristo

En primer lugar, Pablo, el escritor de esta carta, dice que es un “siervo de Jesucristo”. Nosotros somos confrontados inmediatamente con una opción: ¿Es este hombre un maníaco engañado? Jesús, llamado el Cristo, había muerto por el año 30 a.C. por un gobernador romano llamado Pilato. Tenemos muchos testimonios históricos seculares del hecho. Él estaba muerto. Ahora, aquí está Pablo diciendo que este hombre Jesucristo no está muerto, sino que es su maestro y que es esclavo de Jesucristo. ¿Son estos 16 capítulos las galimatías de una falsa ilusión? Usted debe decidir.

La propia afirmación de Pablo no es que él esté engañado sino que él ha sido comprado, pertenece y es gobernado por su contemporáneo, quien murió y se levantó de entre los muertos, Jesucristo. Yo digo “comprado y perteneciente”, porque eso es lo que implica ser un siervo. En 1ra a los Corintios 7.23, Pablo dice, “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres.” En otras palabras, los cristianos somos esclavos de Cristo porque él nos compró muriendo por nosotros, y por tanto nos posee. “no sois vuestros. Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6.19-20). Pablo es el siervo de Cristo Jesús, porque Cristo le compró y ahora le posee.

Esto también significa que este Cristo viviente le gobierna. En Gálatas 1.10, Pablo dice, “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” En otras palabras, ser un siervo de Cristo implica someterse a lo que a El le agrada, no a lo que agrada a los hombres.

Entonces Pablo mismo comprende que fue comprado, obtenido y gobernado por Cristo Jesús, un hombre que fue muerto como criminal quizás unos 25 años antes de que esta carta fuera escrita, y quien, Pablo dice en el versículo 4, fue levantado de entre los muertos y fue declarado único y absoluto Hijo de Dios con poder. En otras palabras, aquí en esta carta que hace historia no estamos tratando con un hombre y su ingenio, sino que estamos tratando con un hombre y su dueño, gobernador y Dios. Esto comienza a explicar porque la carta no es una carta ordinaria.

Llamado a ser Apóstol

Segundo, Pablo dice que él es “[no solo] siervo de Cristo Jesús, [sino también] llamado a ser apóstol.” Él no solo es comprado, obtenido y gobernado; también es llamado. Lo trascendente de Pablo no está primariamente en lo que él ha hecho, sino en lo que ha sido hecho en él: ha sido comprado y obtenido; ha sido llamado y apartado. Alguien más es el protagonista aquí, no Pablo. No estamos tratando en esta carta solo con el trabajo de un hombre, sino con el trabajo de Dios en un hombre.

En la mente de Pablo, ser un apóstol era ser una persona que ha visto a Jesús levantado de entre los muertos de manera que pudiera dar testimonio de primera mano, y quien ha sido comisionado y autorizado por Cristo para representarle y hablar en su lugar y proveer fundamento para su iglesia a través de una enseñanza verdadera y autoritativa.

Pablo vio a Jesús en el camino a Damasco. Y allí Jesús le llamó a su ministerio apostólico. Él dijo en 1ra a los Corintios 15.7-8, “[Jesús] apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; 8y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí.” Allí Jesús le dijo, “para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti” (Hch 26.16). Con esta comisión se convirtió en uno de los fundadores del cristianismo como dice en Efesios 2.20, la iglesia ha sido “edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo”

Si preguntamos hoy ¿dónde está el fundamento de los apóstoles para la iglesia, su vida y ministerio? La respuesta es: en el grupo de cartas que ellos dejaron atrás. Y entre todos esos escritos apostólicos no hay ninguno como la Carta a los Romanos. Es simplemente el gran sumario bíblico del gran evangelio y es, por tanto, preminentemente el fundamento de la Iglesia, con Cristo como piedra angular. Pablo dice que él es “llamado a ser apóstol” así que la iglesia, nosotros, recibiremos el libro de Romanos como el mensaje no solo de un hombre, sino de Cristo. Romanos no es grande por la palabra de un genio, sino porque es la Palabra de Dios (vea 1ra a los Tesalonicenses 2.13; 1ra a los Corintios 2.13). Eso es lo significativo de ser llamado a apóstol.

Apartado para el Evangelio de Dios.

Finalmente, Pablo dice que él no solo es un “siervo de Jesucristo, [y no solo] llamado a ser apóstol, [sino que también fue] apartado para el evangelio de Dios.”

¿Cuándo fue apartado para el evangelio de Dios? Gálatas 1.15 dice “Dios... me apartó desde el vientre de mi madre”. Esto significa que antes que Pablo hubiera sido comprado como siervo, y antes que fuera llamado en el camino de Damasco, y antes que hubiera nacido, Dios le apartó para el evangelio de Dios. Lo que significa que Dios no buscó a alguna persona que cumpliera con los requisitos del rol apostólico. Dios preparó a Pablo desde el vientre de su madre para servir el evangelio. Es inquietante cuando usted descubre la vereda que le guía desde el vientre hasta el camino de Damasco, entiéndase la incredulidad de Pablo y su persecución a la iglesia.

Esto significa que en el primer versículo de este gran libro podemos saborear algo de la magnitud de la sabiduría inescrutable de Dios que Pablo adora en 11.33-36 (“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!”) Dios no dejó nada a la casualidad en el establecimiento de su iglesia a través de los escritos de sus apóstoles. Él le separó desde antes de nacer; le compró con la muerte de su Hijo y le llamó de manera impresionante en el camino a Damasco.

Romanos trata sobre Dios

Entonces el verso uno pudiera aparentar tratar sobre el autor de la carta; pero detrás de cada frase está Alguien mucho mayor. Dios le compró por la muerte de su Hijo, Dios le llamó a ser apóstol (Gálatas 1.15; 1ra a los Corintios 1.1), Dios le apartó desde antes que naciera. E hizo todo eso “para el evangelio de Dios”, que veremos la semana que viene. En otras palabras, aun en el primer verso escuchamos a Romanos 11.36, “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”

León Morris está en lo correcto cuando dice, “Dios es la palabra más importante en esta epístola. Romanos es un libro acerca de Dios. Ninguna materia es tratada con tanta frecuencia como Dios. Todo lo que Pablo toca en su carta tiene que ver con Dios. En lo que nos concierne para entender lo que el apóstol está diciendo acerca de la justicia, la justificación y el parecido de ambas, no debemos pasar por alto su tremendo énfasis en Dios. No hay nada como esto en ninguna otra parte (The Epistle to the Romans [Grand Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1988], p.40).

Ciertamente no hay nada como esto en ninguna otra parte. Es por esto que la epístola ha tenido el efecto que ha tenido. Es de Dios, a través de Dios y para Dios. Dios escogió el autor antes que naciera. Dios compró su libertad por la muerte de su Hijo. Dios le llamó a ser apóstol. Y entonces Dios le dio un evangelio, el evangelio de Dios mismo. Así que Dios está en la base, en la cima y en el medio.

Y como hemos estado enfrascados, como iglesia, a diseminar una pasión para que Dios tenga la supremacía en todas las cosas, para el gozo de las personas, es tiempo de encontrar a Dios en el libro de Romanos. Creo que Dios nos ha escogido, nos ha llamado y apartado para esto mismo. Ore conmigo para que su Palabra corra y triunfe en la salvación de muchos y edifique su iglesia para la gloria de su nombre.

  1. Se refiere al período de descanso otorgado por algunas Iglesias a sus pastores una vez cada siete años.
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