The Deliberate Church/Assessment/es

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==== Introducción  ====
==== Introducción  ====

Current revision as of 17:31, 18 July 2008

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Introducción

Las iglesias crecen rara vez más allá de la madurez de sus líderes. Puede ser posible, pero ciertamente no es probable. La implicación es que escoger ancianos puede ser una ayuda importante o un obstáculo importante para la madurez y crecimiento de la congregación. Los líderes maduros y capaces modelarán una conducta piadosa y enseñarán sana doctrina, la cual promueve la salud y crecimiento de la congregación. Por el contrario, líderes inmaduros quienes son menos que capaces para enseñar modelarán una conducta que no puede estar por encima de reproche y enseñarán doctrina que no se conforme a la santidad, ambas cosas pondrán un tope bajo en el nivel de madurez de los miembros, porque no están escuchando sana doctrina o no están viéndolo vivir en sus líderes.

Los pastores, entonces, necesitan darse cuenta que la selección de un anciano es crítica para la salud corporativa de la iglesia. El proceso debe ser gobernado por un criterio bíblico y llevado a cabo en una manera sabia, paciente y cautivadora. En ese capítulo consideraremos brevemente evaluar el carácter, capacidad y la aptitud de un anciano potencial. El capítulo 16 abordará mas el porque el carácter es particularmente crucial y el capítulo 17 nos llevará a través del proceso de instalar nuevos ancianos.

Evaluar el Carácter

Un buen candidato para el oficio de anciano es conocido por su conducta (1 Tim. 5:24-25), debido a que su conducta revela su carácter, y el carácter es en gran parte lo que hace a un anciano. La reputación con los de afuera es importante (1 Tim. 3:7). Pero este requerimiento no debe justificar el nominar a un hombre solo porque el es un líder de negocios honesto en la comunidad. EL puede ser un líder de negocios establecido, pero ¿es amigo de las discusiones? ¿Es dado a los excesos en alguna manera? ¿Es hospitalario en su casa y sus recursos financieros? ¿Es apacible tanto en habla como en conducta? ¿Ama el dinero persiguiéndolo, guardando cantidades exorbitantes para sí o gastando lujosamente en él mismo? ¿Tiene autocontrol? Todas estas preguntas son implicaciones directas de los criterios de carácter encontrados en 1 Timoteo 3:1-7 y 2 Timoteo 2:24-25.

GABINETE DE ESTRATEGIA
  1. Lea 1 Timoteo 3:1-7. ¿Por qué es particularmente importante para los ancianos ser apacible y no pendenciero?
  2. Lea 2 Timoteo 2:24-25. ¿Por qué es importante para los ancianos no ser resentido?

Podríamos escudriñar en otras partes de la Biblia por sabiduría en discernir los hábitos en el estilo de vida que evidencian un corazón de anciano. ¿Evidencia el hombre un amor a Dios y por la iglesia al asistir fielmente las reuniones de la iglesia como un miembro comprometido (Heb. 10:24-25; Juan 13:34-35; 1 Juan 4:20-21)? ¿Contribuye a la salud espiritual corporativa de la iglesia por la manera en que el trata y habla con los demás (Fil. 2.1-5; Efes. 4:29)? ¿Utiliza él sus palabras para edificar señalando evidencias de la gracia de Dios en los demás, o los derriba por una crítica constante? ¿Se reúne con jóvenes cristianos o que estén luchando para ayudarlos espiritualmente (Ezequiel 34)? ¿Esta al pendiente de las vidas espirituales de los demás personas (Hechos 20:28)? ¿Ora por la iglesia y sus miembros regularmente? ¿Es capaz de compartir el evangelio claramente con los incrédulos, y lo hace regularmente? ¿Esta creciendo en el conocimiento de Dios y siendo fructífero en el ministerio personal en la iglesia (Col. 1:9-14)? ¿Es una influencia para una división, o para la unidad? ¿Ejercita una sabiduría piadosa que es “primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía” (Santiago 3:17)? ¿Manifiesta la humildad de la sabiduría siendo fácil de corregir, o es un orgullos contumaz en sus propias opiniones (Prov 12:1)? En pocas palabras, ¿esta siendo este hombre un ejemplo para otros miembros de la iglesia “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Tim. 4:12; 1 Ped. 5:1-5)?[1] Si no es así, es mejor ser paciente y seguir buscando.

Esta prudencia es un esfuerzo en obedecer el mandamiento de Pablo a Timoteo, “No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro.” (1 Tim 5:22). Es mejor ser paciente en esperar a Dios a que levante otros ancianos que compartir la culpa de los errores por el pastoreo hecho por hombres prematuramente designados (cf. También Heb. 13:17).

Habilidad Para Evaluar

Al evaluar el carácter, también necesitamos evaluar la habilidad de un hombre para enseñar. Esto es, claro, un sentido en el cual debemos estar tener listo un nivel de seguridad acerca del carácter del hombre antes de ponerlo al frente a enseñar. Así que el tiene que estar asistiendo fielmente como miembro, evidentemente preocupado e involucrado con la vida corporativa de la iglesia, no siendo conocido por un defecto en el carácter particularmente público o escandaloso y que sea doctrinalmente sano. En necesita ser un hombre que sepamos que sea fiel en la lectura fiel y privada de la Biblia y la oración, que sea fiel, obediente y sea testigo en la obra evangelística y vivir un estilo de vida de santidad.

Una vez que hayamos reunido esta información básica del carácter, podemos sentirnos razonablemente confiados en cuanto a darle a un hombre, ya sea joven o de edad avanzada, la oportunidad de probar sus dones de enseñanza, y la oportunidad para nosotros de probarlos. Esta prueba esta de acuerdo con 1 Timoteo 3:10: “Y éstos [diáconos] también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles”. Si los diáconos deben ser probados como siervos en los asuntos físico y financieros de la iglesia, luego parece una implicación y necesaria de que los ancianos potenciales se deban probar en cuanto a su aptitud y capacidad de ministrar la Palabra.

¿Que significa pues ser “apto para enseñar” (1 Tim. 3:2)? Muchos creen que tal enseñanza necesariamente representa una predicación formal, pública y expositiva. Mientras que esto debe estar incluido, no es la definición necesaria o exclusiva de “apto para enseñar”. La capacidad de enseñar la Palabra simplemente significa que un hombre es capaz de explicar las Escrituras acertadamente a otras personas en maneras que los beneficien espiritualmente. El debe ser conocido por los demás en la congregación como un hombre en quien las personas pueden ir para que les explique las Escrituras. Esto puede significar que un hombre esta dotad para predicar. Pero también puede significar que un hombre tiene un ministerio efectivo y diversificado de discipulado dentro de la iglesia, en el cual este explicando y aplicando las Escrituras a individuos en maneras que los ayuden a crecer en el conocimiento cristiano, en el amor, y en llevar fruto. Esto significa que el es fructífero como planeador de programas de estudios o líder de grupos pequeños o como discipulador.

Con este entendimiento de que significa ser apto para enseñar, podemos ver como algunos ancianos simplemente terminen en situaciones de enseñanza pública más a menudo que otros. Aún para el desarrollo de su autoridad entre la congregación, es sabio escoger a hombres que al menos tengan la voluntad de enseñar públicamente y que muestren un poco de interés y sean propensos a hacerlo. Una vez más, toda autoridad en la iglesia pertenece a Jesucristo, y El media esa autoridad a Sus pastores subalternos a través de Su Palabra. Ya que la autoridad de un anciano es derivada de su manejo de las Escrituras, el necesita ser capaz de enseñar públicamente, incluso si es de vez en cuando, solo con el fin de que su autoridad pueda ser mostrada para obtener de la Palabra de Dios y su manejo exacto de ella (no por la fuerza de su personalidad o el éxito de sus empresas comerciales).

El tiempo de la clase de adultos y los servicios dominicales vespertinos son normalmente los mejores contextos en los cuales se pueden probar los dones de enseñanza pública de un hombre. El liderazgo de grupos pequeños, o el aprendizaje con u líder de grupos pequeños, puede también ser maneras provechosas y efectivas para discernir si un hombres es capaz o no de enseñar. Pero dándoles esta oportunidad no probarán óptimamente que sea fructífero a menos que un hombre calificado este en la clase o servicio para observarlo enseñar y este disponible para darle realimentación constructiva que lo edifique para un crecimiento adicional en aptitud[2].

Somos sabios también al observar cuan frecuentemente y efectivamente un hombre utiliza la hospitalidad para hacer un bien espiritual a otros miembros o visitantes (1 Tim. 3:2), y que tan involucrado esta en discipular a jóvenes, proveyendo una rendición de cuentas para ellos y modelando una conducta piadosa en ellos. Debemos sentirnos libres de en preguntar tanto al candidato como a los demás en la congregación sobre estos asuntos[3]. Pedir a los miembros su contribución muestra humildad en la manera en que usted guía y lo capacita para tomar una decisión más sabia y bien fundada respecto a quien recomendar a la congregación como ancianos potenciales.

Evaluar Bien

Habiendo examinado la capacidad y el carácter del candidato, es tiempo de evaluar si un hombre o no encajaría bien en el contexto de los ancianos actuales. Dos consideraciones importantes predominan aquí –un estilo de comunicación y ser dotado/apasionado, ambos relativos a los demás ancianos.

En relación a los dones y pasiones, siempre es de provecho tener un balance representado entre los ancianos. Entre nuestros ancianos, uno es un hombre de talento poco común y motivado por la obra misionera, uno tiene talentos administrativos pronunciados, uno es más meticuloso en procedimiento y exactitud teológica, un es un gran visionario con planes para el discipulado y la predicación, otros ofrecen una decisión pronunciada en destrezas, etcétera. El punto es que los ancianos laicos equilibran la debilidad del pastor maestro principal, y la misma debilidad entre los ancianos esperamos que no sea compartida por todos. Si todos son fueran hombres de excepcional talento para la misma cosa, entonces otras consideraciones importantes se descuidarán invariablemente en el proceso rutinario de toma de decisiones.

Con respecto al estilo de comunicación, sería sabio notar como un anciano potencial interactúa con el resto del grupo. ¿Es seguro e insistente, ó, es renuente y sencillo? ¿Tiende a tomarlo todo y luego dar su opinión, ó, tiende a ser el primero en compartir sus ideas? ¿Facilita el consenso sintetizando las ideas comunes y las opiniones de los demás, ó, indica las distinciones importantes? ¿Es un seguidor sumiso, un pensador independiente, un inconformista que mantiene el equilibrio, o un inconformista que polariza? La lista podría continuar.

Claro, con el fin de observar sus dones y sus patrones de comunicación con respecto a los demás ancianos, usted tendrá que verlo interactuando con ellos en realidad. Con ese fin, sería sabio invitar a los ancianos potenciales a participar realmente en una o dos reuniones de ancianos como un tipo de búsqueda de pista para observar como su presencia pueden contribuir a la dinámica de la conversación. ¿Aclara, es de provecho, unifica, edifica y es productivo? O ¿es molesto, demasiado enérgico, de poco animo para ayudar, de difícil compresión, y generalmente no es útil como usted esperaba?

En nuestra iglesia, lo hemos hecho un requerimiento informal para tener unanimidad entre los ancianos con el propósito de adelantarnos nominando a un nuevo anciano para ser afirmado por la congregación. Este requisito es simplemente deliberante –no lo hemos escrito en nuestra constitución. Pero digamos que un anciano actual, Tom, piensa en un anciano potencial, Bill, no esta calificado para el oficio. Bill se nomina de todas maneras, y la congregación lo afirma. Tom puede ser capaz de trabajar bien con Bill, aun siendo que Tom cree que Bill no este calificado. Pero el desacuerdo de Tom con la decisión de nominar a Bill introduce el potencial para una fricción innecesaria entre el grupo que pueda fracturar la unidad entre los ancianos y potencialmente entre la congregación.

Conclusión

Esperamos ayudar a determinar que el proceso de evaluar a los candidatos para ser anciano debe ser guiado principalmente por los requisitos bíblicos. No importando que tan bien “adaptado” sea un candidato potencial en el liderazgo de ancianos actual, ese adapte sería falso si no esta calificado tanto e carácter como en aptitud. Edificando una iglesia es en gran medida una cuestión de establecer una estructura de liderazgo bíblica y llenarlo con personas bíblicamente calificados. Esto no es solo ser pragmático; sino es ser deliberantemente bíblicos acerca de cómo nos organizamos, sobre lo que entendemos que sean los requisitos esenciales para el liderazgo cristiano, y consecuentemente a quienes vemos como líderes.

Cuando se viene a evaluar los ancianos potenciales, esta deliberación toma la forma de hacer las preguntas bíblicas específicas acerca del carácter y aptitud del hombre, del sentido común político, o cosa semejantes. Ser una iglesia deliberante significa ser cuidadosos en cuanto a permitir que la Palabra de Dios guíe tanto nuestra búsqueda como nuestra evaluación de hombres quienes sirven como ancianos potenciales.

  1. Debe ser entendido que nadie cumplirá este criterio perfectamente. Pero estas son las preguntas deben de hacerse, y estas las cualidades cualidades que deben buscarse. En el capítulo 16 veremos porque la obra del anciano requiere una medida de crecimiento en todos estos rasgos de carácter.
  2. Sería sabio tener una “evaluación del servicio” informal los domingos por la noche. Este tiempo provee un contexto de in piadoso dar y recibir una critica constructiva y animo para aquellos que han ayudado a enseñar o dirigir en la clase de adultos o en los servicios de los domingos en la mañana y en la noche. Podría considerar invitar a los maestros y ancianos que los han observado en su casa o los domingos por la noche para hacer esto. Esta clase de crítica constructiva puede darse en almuerzo de discipulado individual durante la semana. Hemos implementado un tiempo de “evaluación del servicio” los domingos por la noche para una gran mejoría de los maestros laicos así como de los ancianos potenciales y consecuentemente para el gran beneficio de la iglesia.
  3. Al pedir la opinión de los demás, debemos evitar referirnos públicamente como “encuestas”, simplemente porque hacerlo así estimulará a los miembros menos maduros a tratar los resultados como un mandato democrático.
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