The All-Conquering Love of Christ/es

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Revision as of 16:10, 28 July 2008 by JoyaTeemer (Talk | contribs)
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Romanos 8:31-37

Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que no eximió ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos concederá también con El todas las cosas? 33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.34 ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. 35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? 36 Tal como está escrito: Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero. 37 Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

A medida que nos enfocamos en el verso 34 tengamos en cuenta cuál fue el propósito de Dios al escribirnos todos estos versos. ¿Qué debe lograr en usted esta sección de Romanos? Debe hacerle sentir absolutamente seguro por el sufrimiento que experimentará en el camino de la obediencia que exalta a Cristo La idea es añadir a su vida la seguridad de que Dios obrará por la sangre comprada para ayudarle a sufrir bien

El verso 28 dice que a los que aman a Dios y confían en Cristo y son llamados conforme a su propósito, todas las cosas cooperarán para su bien. El verso 30 dice que la glorificación final es segura. El verso 31 dice que puesto que Dios está a nuestro favor, nadie puede tener éxito peleando en contra suya. El verso 32 dice que como Dios entregó a su Hijo por usted, le dará todo lo que necesita. El verso 33 dice que ya que Dios es el que justifica, nadie puede levantar cargos en su contra en la corte celestial. El verso 34 dice que debido a que Cristo murió y resucitó y está a la diestra de Dios e intercede a su favor, nadie puede condenarle a usted.

¿Cuál Es El Propósito De Dios En Esta Verdad?

¿Cuál es el propósito de Dios en esta espectacular verdad? Su propósito es nuestra seguridad para que podamos enfrentar con valentía, gozo y determinación el sufrimiento por la causa de Cristo. ¿Cómo lo sabemos? Por el versículo que sigue. Todo nos está preparando para escuchar esta declaración: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?" Sobre esto meditaremos en la próxima semana, el domingo que precede al aniversario del 11 de Septiembre. El mensaje es que el inmenso poder y la sabiduría y el amor de Dios por su pueblo no nos prometen escapar de estas cosas. El poder y el amor y la sabiduría de Dios nos prometen triunfar sobre estas cosas.

En la espada que corte su cabeza, o atraviese su corazón. En el peligro que amenaza a su familia y le deja solo. En la desnudez que le avergüenza por una violación sexual, o en el patio de una prisión. En el hambre que le deja a usted y a su niño hinchados, con los huesos pegados a la piel. En la persecución que impide toda su prosperidad profesional o incendia su hogar. En la enfermedad o calamidad que le deja parapléjico o que consume todos los ahorros de su vida. En la tribulación que exprime su alma hasta el momento en que se pregunta si cada gota de fe se deshará también.

El propósito de Dios en este capítulo es darle a usted una confianza firme, inconmovible, preparada por él, comprada por su sangre; y que esa confianza sea en su amor conquistador, de modo que en estos siete tipos de sufrimiento usted no le maldecirá, ni le culpará, o le reprochará, sino que confiará en él y se aferrará a él, y sentirá satisfacción en él cuando todo lo demás le sea quitado. «Cuando todo se aleja de mi alma, entonces él es toda mi esperanza, y permanezco». O, como dijera Job después de desgarrar su manto y rasurarse la cabeza y caer al suelo: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor” (Job 1:21; vea el 42:11)

En otras palabras, Dios inspiró este pasaje no para añadir seguridad eterna a una vida dedicada a la comodidad terrenal. Lo inspiró para prometerles la seguridad eterna de liberarles de una vida dedicada a la comodidad terrenal y darles a todos la libertad y gozo, y valor de moverse hacia la necesidad no hacia lo más fácil. ¡Oh cuánto gozo y sanidad del alma pierden los estadounidenses al vivir para su propia comodidad mientras perecen los pobres, y los enfermos, y los oprimidos, y los despreciados, y los inconversos del mundo! Dígalo así: Romanos 8 trata de cómo Dios, en Cristo, nos da una seguridad sólida por el servicio misericordioso en medio de muchos sufrimientos.

¡No Hay Condenadores!

Miremos entonces el verso 34 donde Pablo añade más pilares para afirmar nuestra seguridad, nuestro servicio y nuestro sufrimiento. “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Pablo formula de nuevo una pregunta sin responder, porque espera que nosotros demos la respuesta correcta y porque quiere guiarnos a un conocimiento específico: “¿Quién es el que condena?”. Respuesta: nadie. Luego, en el resto del versículo aparece el fundamento, allí Pablo nos da algunas razones por la que nadie puede condenar a los cristianos. La vez anterior que hizo una pregunta sin respuesta (verso 33) la respuesta fue: Porque Dios es el que justifica. Ahora la respuesta es: Porque Cristo Jesús murió, resucitó, está a la diestra de Dios, e intercede a nuestro favor.

El triunfo de Cristo en el verso 34 es el fundamento para la justificación de Dios que aparece en el verso 33. El Dios infinitamente justo y santo puede justificar al impío, solo por fe, a través de lo que Cristo hizo en el verso 34. Recuerde lo que ya Pablo dijo en el verso 32: “[Dios] no eximió ni a su propio Hijo”. Ahora en el verso 34 él declara lo que el Hijo de Dios hizo para que el Padre pudiera justificar a los impíos por fe y remover cualquier condenación posible.

Escuche cuidadosamente lo que Pablo dice aquí: « ¡no hay condenación!» De la misma manera en que lo dijo en el verso 1. Solo que aquí dice: ¡nadie nos puede condenar! John Stott ve el impacto universal de esta declaración y dice después de leer el verso 34: “Por esta razón podemos retar confiadamente a todo el universo, con todos sus habitantes humanos y demoníacos: ¿Quién es el que condena? Nunca habrá una respuesta” (Stott Romanos, p. 257).

Escuchen cuidadosamente, los oprimidos por el diablo –o los que algún día pudieran estarlo, es decir todos. Enfrenten directamente al maligno, con valor y firmeza ¿Escucharon lo que dijo Stott? Usted puede retar a las huestes demoníacas del universo: «Satanás: ¿A quién pondrás para acusarme?». Dígale con autoridad a Satanás en su misma cara cuál es su situación, dígale cuatro cosas y hágale irse. «Cristo murió por mí, Cristo resucitó de entre los muertos por mí. Y Cristo está a la diestra del que todo lo ve, el Todopoderoso, el que gobierna sobre todas las cosas, y está allí por mí, y Cristo está intercediendo por mí ante el Dios Todopoderoso ¡Vete diablo pequeño, creado, derrotado, e independiente! ¡Y escucha esto pequeño diablo! Si me matas –en caso que el Dios Todopoderoso te lo permitiera- en ese momento, mi alma será libertada (yo ganaré) tu miseria se multiplicará (tú pierdes), y miles después de mí serán bendecidos por mi muerte».

Jesucristo: Cuatro Ilustraciones

Dios preparó estos textos para darnos valor en el servicio y sufrimiento que exalta a Cristo. Vea por tanto, cuatro cosas que Dios hace por usted en el verso 34. O, para ser más fiel a las palabras del texto, vea quién es el que hace estas cuatro cosas. Usted podrá recordar que casi cometimos el mismo error la semana pasada. El verso 33 no dice: « ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? ¡Ellos están justificados!». Este verso no se enfoca en la justificación como tal, sino en el Dios que justifica: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica”.

Así que aquí en el verso 34 Pablo no dice: « ¿Quién es el que condena? Cristo murió por ustedes, está a la diestra de Dios, e intercede por ustedes». No, otra vez Pablo se enfoca en la persona que hace el trabajo, dice: “¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió, [y continúa este énfasis en la persona por la manera en que escribe acerca de cada una de la siguientes tres obras de Jesús] sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”. Pablo no tuvo que utilizar dos participios sustantivales y dos pronombres relativos. Lo hizo para mantener nuestro enfoque en la persona: Jesucristo murió, Jesucristo resucitó, Jesucristo está a la diestra de Dios, Jesucristo intercede por nosotros.

Ni la muerte, ni la resurrección, ni la presencia a la diestra de Dios por nosotros, ni la intercesión nos haría algún bien si no hubiera un Cristo que murió y resucitó y reina e intercede. Mantengamos nuestra mirada en él, mirémosle, conozcámosle. No estamos hablando acerca de un evento mitológico o de una hazaña escogida al azar, ni de un acontecimiento humano. Estamos viendo al Jesucristo histórico en acción. Y lo importante es conocerle a ÉL como quien es nuestra seguridad. Jesús mismo es nuestra No-condenación.

Veámosle y conozcámosle en cuatro tristemente breves imágenes que Pablo nos muestra.

1. Conózcale Como Aquel Que Dio Su Vida Por Usted

Primero conózcale como aquel que dio su vida por usted. Fíjese que digo: «dio su vida por usted» en lugar de decir «murió por usted» para dejar en claro que él escogió morir. Él planificó morir, abrazó la muerte por usted, no titubeó frente a la bala divina que estaba destinada para usted; se puso delante de ella. Marcos 10:45: “el Hijo del Hombre vino [...] para dar su vida en rescate por muchos”. Por tanto, conózcale como tal.

Conózcale como aquel que dio su vida por los impíos, no por los que se lo merecían y eran dignos, sino por los impíos, los que no se lo merecían, por los indignos, y lo hizo cuando aun éramos enemigos (Romanos 4:5; 5:6).

Conózcale como aquel que dio su vida para completar su obediencia perfecta de manera que esa obediencia nos pudiera ser imputada (Filipenses 2:8; Romanos 5:19; Gálatas 2:21; 2da a los Corintios 5:21).

Conózcale como aquel que dio su vida para perdonar todos nuestros pecados (Efesios 1:7).

Conózcale como aquel que dio su vida para volverse maldición por nosotros y quitar de sobre nosotros la maldición de la ley (Gálatas 3:13).

Conózcale como aquel que dio su vida para absorber nuestra condenación y quitar de sobre nosotros la ira de Dios (Romanos 8:3).

Conózcale como aquel que dio su vida para probar que Dios es justo cuando justifica al impío que tiene fe en él (Romanos 3:26).

Conózcale como aquel que dio su vida en todos estos sentidos para demostrar el amor de Dios por nosotros: “Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

2. Conózcale Como Aquel A Quien El Padre Resucitó De Entre Los Muertos

Segundo, conózcale como aquel a quien el Padre resucitó de entre los muertos. Enfatizo que él fue resucitado por el Padre porque el verbo en el verso 34 está en voz pasiva, no dice: «Cristo resucitó», sino «Cristo fue resucitado».[1] La intención es demostrar que el Padre quedó tan satisfecho con la obra consumadora del Hijo que vindicó su obediencia, sufrimiento, y éxito infinito al resucitarle de entre los muertos.

Conozca, por tanto, a su Amigo, Salvador, Señor, y Tesoro como a aquel que es absolutamente aprobado por Dios. Y conózcale, como dice Romanos 6:9, como aquel que “no volverá a morir; [y] ya la muerte no tiene dominio sobre El”. Y, por tanto, conózcale como aquel a quien Pablo describe en las siguientes dos frases.

3. Conózcale Como Aquel Que Está A La Diestra De Dios.

Conózcale, en tercer lugar, como aquel que está a la diestra de Dios. Esa pequeña frase: “diestra de Dios” estuvo llena del poder de Dios para los cristianos del primer siglo que conocían solo el Antiguo Testamento. El Salmo 110:1 es citado mucho más por los escritores del Nuevo Testamento que cualquier otro salmo. Dios dijo al Mesías: “Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”.

Y esto significa triunfo, gobierno, y autoridad. Podemos verlo en Efesios 1:20-21: “[Dios] el cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos y le sentó a su diestra en los lugares celestiales, 21 muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero”. Y 1ra de Pedro 3:22: “[Él] está a la diestra de Dios, habiendo subido al cielo después de que le habían sido sometidos ángeles, autoridades y potestades”.

En otras palabras, estar a la diestra de Dios es gobernar sobre toda autoridad y poder y potestad y ángeles y sobre todo nombre que se nombra. Conozca así a su Salvador, Señor, Amigo, Tesoro (triunfante y gobernando ahora sobre todo el universo hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies). Conózcale y disfrute esta seguridad inconmovible.

4. Conózcale Como El Intercesor Entre Usted Y Dios El Padre

Por último, conózcale como el intercesor entre usted y el Padre. Este versículo termina diciendo: “...el que también intercede por nosotros”. Él fue, es, y será siempre nuestro intermediario (1ra a Timoteo 2:5), nuestro abogado (1ra de Juan 2:1), nuestro intercesor. Pudiéramos preguntar: ¿por qué necesitamos a un intercesor si la muerte y resurrección de Jesús nos provee todo el fundamento para nuestro perdón y justicia? La respuesta es que hoy en el cielo Jesús no hace nada para incrementar el fundamento y la adquisición de nuestro perdón y justificación. Ya él lo estableció de una vez y para siempre. Él simplemente es un representante de esa obra terminada por nosotros en el cielo. Él se posiciona como el Cordero inmolado y triunfante, y provee así una evidencia y testimonio vivos del fundamento de nuestra salvación.

Hebreos 7:25 dice: “El también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos”. Nosotros experimentamos esta intercesión cada vez que oramos en el nombre de Jesús ¿Por qué decimos «en el nombre de Jesús, amén»? Porque no tenemos ningún derecho delante del Padre sino por lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz y por lo que él es por nosotros en el cielo. Conózcale por tanto, como su intercesor cada vez que ora. Sea agradecido con aquel que le amó y murió por usted y compró toda su salvación y respondió cada oración al precio de su propia vida.

He enfatizado la necesidad de conocerle a él, no solo a su obra. Conozca a aquel que hizo (y hace) por usted estas grandes cosas. Conózcale como su libertad de la condenación, como quien le inspira valor, y como quien le otorga una sólida seguridad en el servicio misericordioso a través de muchos sufrimientos.

Y como he enfatizado esta dimensión de conocimiento personal, sería adecuado terminar con la perspectiva personal de John Murray en este último punto del Cristo Intercesor. Él descubre una dimensión que fácilmente pudiera pasarse por alto. Termino con esta, mi última exhortación a conocer a Cristo:

«Nada ayuda a verificar la intimidad y constancia de la preocupación del Redentor por la seguridad de su pueblo, nada nos afirma en su amor inmutable más que la ternura que su sacerdocio celestial demuestra, específicamente, por la manera en que el texto llega a expresar que él está en intercesión por nosotros». [Murray, Romanos, Vol. 1. p. 330].

  1. 1 La mayoría de las traducciones en español traducen “resucitó”, pero el verbo resucitar (ἐγερθείς), como dice el autor, sí está en voz pasiva. En la versión en inglés que utiliza el autor (English Standard Version) sí se traduce en voz pasiva “who was raised”: “quien fue resucitado” [Nota del traductor].
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