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Revision as of 15:54, 11 July 2008 by Bhkauflin (Talk | contribs)
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Me alegro que el apóstol Pablo escribió que aprendió a estar contento (Fil. 4:11). Esta gracia de carácter Cristiano por cierto, no ha llegado naturalmente a mí. Un día estaba al frente del espejo del dormitorio y conté siete distintas cosas “erróneas” con mi cuerpo – cosas sobre las que a menudo murmuraba y me preocupaban. Algunas no eran más que estéticas, afectando sólo mi apariencia, como la calvicie que había tenido desde que cumplí veinticinco.

Una serie de cosas que eran (y siguen siendo) “erróneas” eran funcionales, sobre las cuales había sido mucho más difícil de contentarse. Aún puedo recordar tratando de jugar béisbol como un muchacho de la escuela primaria. No podía ni batear ni atrapar bien porque no podía darme cuenta dónde estaba la pelota, o calcular cuan veloz venía la pelota hacia mí. No lo supe hasta años más tarde que mi incapacidad para jugar béisbol fue debido a que tenía visión monocular – la incapacidad de enfocarse más de un ojo a la vez. Una percepción profunda que es normal para muchas personas que está basada en visión binocular – la habilidad para enfocarse en ambos ojos juntos para calcular la distancia adecuada.

Mi otro desperfecto funcional, es una pérdida total de audición en un oído. Esto es a menudo embarazoso cuando la gente me habla y no los escucho, pareciendo que los ignorara, o cuando estoy en un entorno social intentando conversar con alguien en el lado de mi oído sordo. Nuestro sentido de dirección de sonido viene por la diferencia de milisegundos que el sonido alcanza a nuestros oídos en ambos lados de nuestra cabeza. Sólo con un oído funcionando, no tengo dirección de sonido. Por ejemplo, cuando mi esposa me llama desde algún lugar en la casa, a menudo tengo que preguntar, “¿Dónde estás?”

Me doy cuenta que mis desperfectos físicos son, en lo peor, sólo inconveniencias comparadas con discapacidades serias, tal como ceguera total, sordera o parálisis. Sin embargo, en años anteriores, a menudo causaban en mí un descontento. En realidad, ese día que me paré frente al espejo y conté esas siete cosas erróneas, estaba más que descontento. Estaba luchando con el síndrome “¿Por qué yo?”.

¿Cómo he aprendido a estar contento bajo estas circunstancias? De la misma manera que alguien con más o menos desperfectos podría: enfocándose en la maravillosa verdad que Dios me hizo tal como soy. Salmos 139:13 (LBLA) dice: “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre.” La Biblia enseña que Dios nos hizo a cada uno de nosotros tal como somos. Esto no ignora las realidades de herencia genética y procesos biológicos. Significa que Dios maneja tan bien esos factores que la Biblia puede decir con precisión que Dios nos diseño a todos únicamente en las vientres de nuestras madres.

Tuve que aprender que físicamente soy la forma que soy porque el Dios soberano quien me amó y envió su Hijo para morir por mí me hizo tal como soy – completo con todos mis problemas funcionales y de apariencia. Te alabaré, porque asombrosa y maravillosamente he sido hecho. (Sal. 139:14). Mis características físicas – verrugas y todo – son el resultado de una cuidadosa, íntima, detallada, creativa obra de Dios.

Esto me lleva a otra verdad que me ayudó a aprender a contentarme. Dios no sólo me hizo en el vientre de mi madre, Él también planeó mis días. Salmos 139:16 dice: “en tu libro se escribieron todos los días que me fueron dados, cuando no existía ni uno solo de ellos.” Dios nos creó de una forma única a cada uno de nosotros para cumplir el plan que Él tiene para nosotros. Este plan abarca no sólo Su creación original para nosotros, pero también el entorno social y familiar en el cual nacemos.

Nací en una familia de bajos ingresos y estatus social. Mis padres abandonaron la escuela alrededor del octavo grado para trabajar en sus respectivas granjas familiares. Casi no tuvieron educación o ventajas culturales que ofrecerme. Solía tener envidia de otros que tenían esas ventajas. Fue a través del abrazar la verdad que Dios en Su infinita sabiduría y amor había ordenado el camino de la vida para mí, que aprendí a estar contento.

El plan de Dios no sólo incluye la situación social y económica en que hemos nacido, sino también todos los “altibajos” de la vida – todas las oportunidades aparentes u ocurrencias aleatorias y todos los giros de eventos inesperados, ambos “buenos” y “malos”, que ocurren en la vida. Todas estas situaciones y circunstancias, aunque puedan parecer como casualidades para nosotros, son parte del plan de Dios para nuestras vidas.

Cuando mi primera esposa estaba muriendo de cáncer, periódicamente entraba en “momentos de depresión”. Un día, en el medio de uno de estos, decidí hacer una lista de todas las cosas significantemente “malas” que me habían sucedido en la vida (así como la muerte de mi madre cuando sólo tenía catorce). Para ser justo, en el lado derecho de la página, hice una lista de todas las cosas significantemente “buenas”. No te sorprendería saber que la lista de cosas “malas” era casi alrededor del doble que la lista de las “buenas”. En el mundo caído en el que vivimos, sospecho que es algo típico. Luego, con Romanos 8:28 en la mente, escribí al final de aquella página, “Y Dios ha hecho todas estas cosas (tanto lo bueno como lo malo) para trabajar juntos por mi bien.” Algunas de aquellas supuestas cosas “malas” me habían molestado por años. Pero aquel día Dios me dio un sentido de contentamiento sobre ellas.

Luego hay el área del llamado. Aunque estudié ingeniería en la universidad, luego de la graduación empecé a pensar que Dios quería que sea un misionero extranjero. Sin embargo, nunca llegué a ser misionero. En lugar de aquello llegué a ser un administrador en una organización de misiones. Al principio, pensé en la administración como un intermedio temporal en el camino hacia el campo misionero. Luego un día tuve que enfrentar la verdad que Dios me había dado el don para la administración, y aquello era para lo que me había llamado a hacer. ¿Cómo aprendí a contentarme con aquello en esa ocasión? Acepté la verdad que Dios pone a cada uno de nosotros en el cuerpo de Cristo como a Él le place. (Véase 1 Cor. 12:18).

Sin duda puedes detectar un hilo común corriendo a través de todas mis experiencias de aprendizaje para estar contento: una creencia fuerte en el gobierno sabio y soberano de Dios en todas las circunstancias de mi vida. Hay otra verdad bíblica, aunque es tan importante para mí: la realización que todo lo que soy y todo lo que tengo es por la gracia de Dios. No he recibido lo que merezco, específicamente, la condenación e ira de Dios, sino, he recibido lo que no merezco: el perdón de mis pecados, el regalo de la vida eterna y todas las bendiciones de esta vida. Creo que estas dos verdades fundamentales – la soberanía y gracia de Dios – me han ayudado para aprender a estar contento.

Incluso el conocimiento de estas verdades maravillosas, con todo, no pueden por sí mismas hacernos contentos. La famosa declaración de Pablo en Filipenses 4:13, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”, fue escrita en el contexto de su aprendizaje de contentamiento. Tuve que aprender, como Pablo lo hizo, a pesar de cuan difíciles y frustrantes sean mis circunstancias, la habilitación divina de Cristo a través del Espíritu Santo está disponible para ayudarme a estar contento. Ese contentamiento, por cierto, es un término relativo cuando es usado en mí. No siempre estoy contento, ni pienso que estoy perfectamente contento. Pero vengo de un largo camino aprendiendo a estar contento. Por esto agradezco a Dios.

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