Conversion to Christ: The Making of a Christian Hedonist/es

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Revision as of 15:31, 11 July 2008 by Bhkauflin (Talk | contribs)
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Mateo 13:44-46
El reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en el campo, que al encontrarlo un hombre, lo vuelve a esconder, y de alegría por ello, va, vende todo lo que tiene y compra aquel campo. 45El reino de los cielos también es semejante a un mercader que busca perlas finas, 46y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.

La semana pasada vimos la infinita y maravillosa felicidad de Dios, que es el fundamento del hedonismo cristiano. Dios es feliz porque Él toma un placer perfecto en la excelencia de su propia gloria, especialmente en la manera en que se refleja en su divino Hijo. Dios es feliz porque Él es soberano, y de esta manera puede sobrepasar cada obstáculo a su deleite. Y la felicidad de Dios es el fundamento del hedonismo cristiano, porque así Él derrama sobre nosotros su misericordia. Cuando Dios llama a un hombre o mujer a Él, no es porque Él tiene necesidad de dar aquel amor que Él comparte. Nosotros concluimos la semana pasada diciendo que no todo el mundo puede compartir eternamente el gozo, porque existe una condición que nosotros debemos conocer. La condición es que nosotros debemos obedecer el mandamiento: "Deléitate asimismo en el Señor". (Sal. 37:4). Pero muchas personas toman más deleites en las riquezas, en la venganza y en la recreación más que en Dios. Ellos no han compartido la misericordia de Dios; ellos están perdidos. Lo que ellos necesitan es convertirse a Cristo, que no es más que convertirse al hedonismo cristiano, eso es lo que quiero hablar con ustedes en esta mañana.

Alguno puede preguntar: Si el punto crucial es la conversión, ¿por qué no simplemente decimos, "cree en el Señor Jesucristo y serás salvo?". ¿Por qué traemos esta nueva terminología del hedonismo cristiano? Es una buena pregunta. Aquí está mi respuesta. Nosotros vivimos en una sociedad superficialmente cristianizada, donde miles de personas perdidas piensan que ellos creen en Jesús. En muchos de mis testimonios a los inconversos y a los cristianos nominales, el mandamiento "cree en el Señor Jesucristo y serás salvo", es virtualmente sin significado. Borrachos en las calles, dicen que lo son. Parejas no casadas que duermen juntos, dicen que lo son. Personas mayores que no han disfrutado de la adoración y la comunión, dicen que lo son. Todo tipo de persona amante del mundo que asiste a la iglesia, dice que lo es. Mi responsabilidad como predicador de la palabra de Dios y profesor de la iglesia, no es sólo repetir la preciosa sentencia Bíblica, es hablar la verdad con palabras que pueden atrapar sus conciencias y ayudarlos a sentir su necesidad de Cristo. Lo que trato de hacer es tomar una enseñanza tan descuidada y tan esencial de las Escrituras y hacerla tan clara como pueda, con la esperanza de avivar algunos corazones.
Antes de concentrarnos en la conversión debemos revisar grandes verdades sobre la realidad que hacen de la conversión algo necesario. La primera verdad que debemos enfrentar como seres humanos es que Dios es nuestro creador a quien le debemos gratitud por todo lo que tenemos. La mejor evidencia de esto está en tu propio corazón y vida. ¿Por qué automáticamente pasas juicio sobre una persona que te desprecia cuando le haz hecho un favor? Automáticamente hallamos a una persona culpable cuando no ha tenido gratitud hacia aquel que le ha demostrado gran misericordia. ¿Por qué? Sabes que sería totalmente insatisfactorio contestar diciendo: Me siento así, meramente porque me castigaban cuando niño por no decir gracias. No permitimos que se salgan con la suya tan fácilmente. La rapidez con que nuestros corazones juzgan a personas desconsideradas, nos hace testificar sobre nuestra verdadera creencia: ¡Los ingratos son culpables!

La verdadera razón por la que nuestros corazones responden de esta manera es porque somos creados a imagen de Dios. Tu sentimiento de juicio, el cual de una manera automática, me hace culpable si yo te ignoro después que tu salvar a mi hijo de ahogarse, es la voz de Dios en ti. Un aspecto de la imagen de Dios en ti, es que involuntariamente te encuentras considerando la gratitud como una obligación. De esta manera, sabes en tu corazón que hay un Dios a quien debemos gratitud. Sería demasiado hipócrita pensar que Dios espera menos gratitud por sus dádivas que tú por las tuyas. "Oh, dale gracias a Dios, porque Él es bueno: porque para siempre es su misericordia" (Sal. 107:1). De esta manera, si simplemente tienes un estándar moral en el cual automáticamente atacas al prójimo, no serás capaz de escapar del hecho de que la ley de Dios está escrita en tu corazón y dice: Una criatura le debe a su creador afecto de gratitud en la medida de su dependencia a la bondad de Dios.

Esto nos lleva a nuestra segunda y gran verdad, la cual los humanos debemos empezar a enfrentar: Nosotros no nos imaginamos, ni hoy ni mañana, la profundidad, intensidad y consistencia de la gratitud a Dios pertenece como el creador nuestro. Ni siquiera necesitamos la Biblia para entender que somos culpables de ingratitud. Sabemos que no hemos rendido a Dios lo que nosotros mismos demandamos de los demás. Nosotros sabemos que el sentimiento de juicio en nuestros corazones con el cual encontramos a las demás personas culpables por ingratitud, nos reta a ser testigos vivimos de que Dios nos encuentra culpables por nuestra asombrosa ingratitud hacia Él. Si nosotros silenciamos este testigo en nuestros propios corazones, la Escritura lo hace más claro en Romanos 1:18-21.

"La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que retienen la verdad de Dios con injusticia...y aunque conocieron a Dios no le glorificaron como Dios, ni le dieron gracias por lo que Dios los entregó a una mente reprobada".
Cuando cada humano se presente frente a Dios para dar cuenta de su vida, Dios no tendrá que usar alguna sentencia de la escritura para enseñar a las personas su propia culpa y su estado de condenación. El simplemente preguntará 3 cosas:

  1. ¿No fue lo suficientemente claro en la naturaleza que lo que tuviste fue un regalo, como mi criatura dependiste de Mi para respirar y para vivir y en todo?
  2. ¿No fue el sentimiento de juicio en tu propio corazón siempre encontrar a los demás culpables cuando fueron ingratos y debieron ser agradecidos frente a una misericordia?
  3. ¿Ha sido tu vida llena de alegría y gratitud en proporción a Mi misericordia hacia ti?

El caso queda cerrado.

La tercera gran verdad con la que nos debemos enfrentar es la ira de Dios sobre nosotros por nuestra gran ingratitud. Nuestro propio sentimiento de juicio requiere que la cuenta moral del universo sea resuelta. Nosotros no permitimos indignaciones en contra de nuestro propio carácter de ser barridos debajo de la alfombra, ¡cuánto menos Dios! La rectitud de Dios significa que Él sostiene la grandeza de su gloria. Cuando nosotros por nuestra ingratitud desechamos la gloria de Dios, la cuenta de justicia debe ser resuelta. El hombre merece más que un gato. De esta manera puedes ir a la cárcel por difamar el carácter de un hombre, pero nadie ha sido condenado por calumniar un gato. Dios merece más que un hombre y de esta manera la difamación de su carácter a través de marcas grotescas de nuestra ingratitud, nos lleva a la sentencia de la destrucción eterna. La paga del pecado es la muerte eterna (Rom. 6:23).

La noticia más terrible en el mundo es que hemos caído bajo la condenación de nuestro creador y que Él está unido a su propia justicia y carácter para preservar la gloria que Él merece, mostrando su ira por el pecado de la ingratitud. Pero hay una cuarta gran verdad y es que, ninguno puede aprender ni de la naturaleza o de sus propias conciencias, la gran verdad que debe ser dicha a nuestro prójimo, predicada en nuestras iglesias y llevada por los misioneros: Llamada, las buenas noticias que Dios ha decretado, de tal forma que podamos satisfacer las demandas de su propia justicia sin condenar a toda la raza humana. Él la ha tomado sobre Sí, sin tomar en cuenta algún mérito en nosotros, para ejecutar nuestra salvación. La sabiduría de Dios ha ordenado una forma para que el amor de Dios sea llevado a nosotros de tal forma que su rectitud no sea comprometida. ¿Es eso sabiduría?

"Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles necedad; más para los llamados tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios" (1 Cor. 1:23-24).
Cristo Jesús, el Hijo de Dios crucificado, es la sabiduría de Dios, por la cual el amor de Dios puede salvar a pecadores de su ira y al mismo tiempo demostrar su justicia.
Romanos 3:25-26 dice: "A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre mediante la fe, como evidencia de su justicia, a causa de haber pasado por alto, Dios en su tolerancia, los pecados pasados, con el propósito de demostrar su justicia en nuestro tiempo presente, a fin de que el sea justo, y El que declara justo al que es de la fe en Jesús". “A quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, a fin de demostrar su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente, para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús.”

¿Cómo puede Dios exonerar a pecadores que han sido malagradecidos de su gloria y no han demostrado respeto a su justicia ni tampoco se han comprometido con su gloria? Respuesta:
"Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros llegásemos a ser justicia de Dios en El" (2 Cor. 5:21).
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.” (2 Cor. 5:21).
"Mandando a su propio Hijo de la carne corrompida por el pecado, El condenó el pecado en la carne" (Rom. 8:3).
“...enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne,” (Rom. 8:3).
"Cristo mismo llevó nuestros pecados en el madero"(1 Ped. 2:24).
“y Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz,...” (1Ped. 2:24).
"Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevarnos a Dios"(1 Ped. 3:18).
Si la noticia más terrible del mundo es que hemos caído en juicio de condenación de nuestro creador y Él está unido al carácter de su justicia para preservar la gloria que Él merece sacando su ira hacia el pecado de nuestra ingratitud, entonces la mejor noticia en todo el mundo (¡El evangelio!) es que Dios dictó sentencia sobre su Hijo en nuestro lugar (Gal.3:13) y así demostró su justicia que está unida a su propia gloria y así, ¡seguir salvando a pecadores como yo!.
Pero no todos los pecadores. No todos han sido salvados de la ira de Dios porque Cristo solo murió por los pecadores. Esta es la quinta gran verdad que nosotros debemos oír: Existe una condición que debes conocer para poder salvarte. Yo quiero enseñarlo como mi último punto, que es convertirse un hedonista cristiano, que es la parte esencial de esta condición.

"¿Qué debo hacer para ser salvo?". Esta es probablemente la más importante pregunta que cualquier humano debe hacerse. Veamos por un momento las diferentes maneras en la que Dios contesta esta pregunta en su palabra. La respuesta en Hechos 16:31 es "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo". La respuesta en Juan 1:12 es que debemos recibir a Cristo: "Todo aquel que le recibe...Él le dio potestad para convertirse en hijo de Dios". La respuesta en Hechos 3:19 es, "arrepiéntete"; esto es, dale la espalda al pecado (arrepiéntete para que tus pecados sean borrados). La respuesta en hebreos 5:9 es obediencia a Cristo. “Jesús se convirtió en la fuente eternal de salvación a aquellos que le obedecen.”
Jesús mismo respondió la pregunta de varias formas. Por ejemplo, Él dijo en Mateo 18:3, que hacerse como un niño es una condición para la salvación:
“Verdaderamente te digo a ti, a menos que no te conviertas en un niño, no podrás entrar a reino de los cielos.”
En Mateo 8:34-35. La condición de auto negación es perder el deseo de las cosas de este mundo por la vida en Cristo.
“Si cualquier hombre viene a mi, que se niegue a si mismo, tome su cruz y sígame. Por que cualquiera que quiera salvar su vida la perderá; y cualquiera que pierda su vida por causa del evangelio, la salvará.”
En Mateo 10:37 Jesús dice que la condición es amarlo más a Él, que a cualquier otra persona:
“Aquel que ame más a padre o madre más que a Mi no me Merece a Mi y el que ame a hijo o a hija más que a mi, no me merece a mi.” (Ver a 1 Corintios 16:22; 2 Timoteo 4:8)

Lucas 14:33. La condición para la salvación es que seamos libres del amor a nuestras posesiones: “Cualquiera que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo.”
Existen condiciones en el nuevo testamento que dicen que debemos conocer para así beneficiarnos de la Muerte de Cristo y ser salvados. Nosotros debemos creer en Él, recibirle, volvernos de nuestros pecados, obedecerle, humillarnos a nosotros mismo como niños, y amarle más de lo que amamos a nuestra familia, nuestras posesiones en esta vida. Esto es lo que significa ser convertido a Cristo. Y esto solamente es el camino de una vida eterna.
¿Pero qué es lo que mantiene estas promesas? ¿Qué las une? ¿Qué cosas impiden a una persona hacerlas? Yo creo que la respuesta está en la parábola de Mateo 13:44.
El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo, que un hombre descubrió y lo ocultó: entonces por el gozo que tiene, va y vende todo lo que tiene y compra ese Campo.
Esta parábola describe cómo una persona es convertida y traída al reino de los cielos, él descubre un tesoro y es llenado de gozo lo cual hace que venda todo lo que tiene de tal forma que pueda tener ese tesoro. Tú te conviertes a Cristo cuando Cristo se convierte en el tesoro de tu corazón y tu santo gozo. El nuevo nacimiento de esta santa afección es la raíz común de todas las condiciones de la salvación. Nosotros nacemos de nuevo-convertidos-cuando Cristo se convierte en el tesoro en el cual encontramos el más grande deleite que es confiar en Él, obedecerle y convertir esto en nuestro hábito normal.
Algunos pueden decir en contra del hedonismo cristiano: “es posible tomar esta decisión por Cristo sin el incentivo del gozo” Yo lo dudo. Pero este tema en esta mañana no.” Puedes tomar la decisión por Cristo sin el incentivo del gozo; pero... ¿pudieras tú? ¿Te haría algún bien en el caso que pudieras? ¿Existe alguna evidencia en las escrituras de que Dios aceptaría a personas que vienen a Él por cualquier otro motivo que no sea el deseo de agradarle a Él? Algunos dirían: “Nuestro propósito de vida debiera ser agradar a Dios y no a nosotros mismos”, “¿pero qué es lo que agrada a Dios?” Hebreos 11:6.
Sin fe es imposible agradar a Dios. Para cualquiera que quiera estar cerca de Dios debe creer que Él existe y que Él recompensa a aquellos que le buscan.
Tú no puedes agradar a Dios, a menos que tú vengas a Él buscando recompensa.
Qué fue lo que Cristo le dijo a Pedro cuando Pedro se enfocó en su auto negación sacrificial y dijo: “nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mateo 19:27), Jesús vio su orgullo: “Nosotros hemos hecho la heroica decisión de sacrificarnos por Jesús”. Y ¿Cómo Cristo sacó ese orgullo del corazón de Pedro? Él dijo:
No existe alguno que haya dejado todo por mí que no reciba su recompensa… Ahora y en la vida eterna.
Pedro si tú no vienes a mí, por que soy el más grande tesoro, que todas esas cosas que tú has dejado, entonces tú nunca has venido a mí, tú sigues enamorado de tu autosuficiencia. Tú no te has convertido en un niño para el beneficio de su padre. Es este orgullo, que quiere ser más que un bebé; buscando la justicia, paz y gozo de nuestro Cristo. La condición de la salvación es que tú vengas a Cristo y busques la recompensa y que encuentres en el tesoro de tu corazón que es un santo gozo.
Para resumir: existen cinco grandes verdades que cada ser humano necesita para que se adueñe de estas cosas:
Primero: Dios es nuestro creador a quien le debemos gratitud por todo lo que tenemos.
Segundo: Ninguno de nosotros siente lo profundo, lo intenso y lo consistente de la gratitud que le debemos a nuestro creador.
Tercero: Nosotros entonces estamos bajo la justa condenación de Dios. Nuestro propio sentimiento judicial nos enseña que somos culpables.
Cuatro: En la muerte de Cristo Jesús por nuestros pecados Dios ha hecho la manera de satisfacer las demandas de su justicia y alcanzar la salvación de su pueblo.
Finalmente, la condición que nosotros debemos tener para beneficiarnos de esta grande salvación es que nosotros seamos convertidos a Cristo.- y conversión a Cristo es lo que pasa cuando Cristo se convierte en tu tesoro y en el santo gozo de tu corazón. Cada invitación bíblica de la palabra de Dios está enraizada en la promesa de un tesoro purificado. Cristo mismo es una amplia recompensa por cada sacrificio. La invitación a la palabra es sin la posibilidad de equivocarse Hedonista:
“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará nuestra alma con grosura.
Inclinad vuestro oído, y venid a mí; Oíd y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes de David.
(Isaías 55: 1-3)

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