Sovereign Grace and the Glorious Mystery of Election/es

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Él nos escogió en el antes de la fundación del mundo – Efesios 1:4

Contents

Primeras Impresiones

El autor James Cantelon presenta esta conmovedora y perspicaz recapitulación de su experiencia de conversión:

“Las primeras impresiones son impresiones perdurables”, dice el antiguo refrán, y sospecho que en la mayoría de los casos es verdad. Mi primera impresión de Dios está conmigo hasta el día de hoy. Ocurrió en el campamento de una decrépita y vieja iglesia en Saskatchewan Central, Canadá. Yo tenía cinco años.
En aquellos días estaban de moda los tabernáculos. No solamente la mayoría de nuestras iglesias se llamaban tabernáculos, sino que nuestros edificios de reunión en el campamento también recibían este nombre del Antiguo Testamento en referencia a las tiendas de campaña. En un día especialmente caluroso mis padres estaban en el tabernáculo para adultos y yo, junto con mis pequeños compañeros campistas, estaba en el tabernáculo para niños. La profesora nos estaba llevando a través del Progreso del Peregrino de Bunyan.
Después de la lección los niños estallaron hacia la luz solar para jugar. Yo me quedé. La señorita Brown parecía saber por qué.
“¿Puedo ayudarte, Jimmy?” preguntó gentilmente. Yo asentí aturdidamente, mordiendo mi repentinamente tembloroso labio inferior, lágrimas brotando en mis ojos.
“Vamos al cuarto de atrás y oremos”, dijo ella. No puedo explicar lo que ocurrió… Pero diré esto: a la edad de cinco años de repente sentí como si yo fuera el peor pecador que jamás había vivido. Mi percepción de pecado casi aplastaba mi pequeño corazón. La oración, sin embargo, no había terminado. Empezó con pesadumbre, se tornó en gozo. Sentí ese peso recientemente descubierto descargado de mi frágil alma. La presencia de Dios me abrumó. Sin que yo lo buscara, o preguntara por él - en realidad, sin ningún conocimiento de mi necesidad de él – Dios vino buscándome a mí, preguntando por mí… un niño de cinco años. [1]

Las primeras impresiones son verdaderamente impresiones perdurables. La descripción del señor Cantelon acerca de su experiencia de conversión es reveladora: “Dios vino buscando por mí”. ¿Cómo entiendes tu experiencia de conversión? ¿Quién buscó a quién? ¿Dios buscó por ti? ¿O parece que, en esencia, tú estabas buscando a Dios? ¿Qué sobresale más para ti: la iniciativa de Dios y su intervención, o tu arrepentimiento y tu fe?

Cuando vine a Cristo, pensaba que lo estaba haciendo todo yo mismo, y aunque busqué al Señor ardientemente, no tenía idea de que el Señor me estaba buscando a mí. Pienso que el recién convertido no está conciente de esto al principio. Puedo recordar con precisión el día y la hora cuando recibí por primera vez esas verdades (de la doctrina de elección) en mi propia alma - cuando fueron, como dijo John Bunyan, sellados en mi corazón como con un hierro caliente, y puedo recordar cómo sentí que había crecido repentinamente de un bebé a un hombre - que había hecho progreso en conocimiento de la Escritura, al haber encontrado de una vez y para siempre, la pista de la verdad de Dios.

Una noche de la semana, cunado estaba sentado en la casa de Dios, no estaba pensando muchon acerca del sermón del predicador, por no lo creía. El pensamiento me sacudió. ¿Cómo llegaste a ser cristiano? Busqué al Señor. ¿Pero cómo viniste a buscar al Señor? La verdad relampagueó en mi mente por un momento

- Charles Spurgeon[2]

Estas no son preguntas académicas. El cristiano que no entiende o malinterpreta la causa primordial de su conversión puede ser vulnerable al legalismo, orgullo, confianza en sí mismo, ingratitud, condenación y falta de seguridad. Pero cuando comprendemos correctamente la naturaleza de nuestra conversión – es decir, cuando entendemos claramente el rol de la gracia soberana de Dios en la elección – nos posicionamos a nosotros mismos para gozar continuamente de los beneficios maravillosos y transformadores de nuestra vida que están disponibles solamente a través del evangelio.

Fuera de Nuestro Nivel

Elección, por supuesto, es una doctrina que surge del profundo extremo de la laguna teológica. Tan pronto como la encontramos, todos debemos reconocer que está muy por encima de nuestras cabezas. Este es un lugar de misterio, un lugar que produce cientos de preguntas, todas ellas variaciones de una única pregunta: “¿Cómo reconciliar la soberanía divina con la responsabilidad humana?”

El Glorioso Misterio

Notas

  1. James Cantelon, Theology for Non-Theologians (New York, NY: Macmillan, 1988), p.3
  2. Charles Spurgeon, A Defense of Calvinism, www.spurgeon.org/calvinis.htm
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